jueves, 4 de octubre de 2007

Luna lunera



... y Kata se encontraba ahí, de nuevo, puntual cada mes esperando verla. Y se sentaba allá arriba, talvez algún día lograría alcanzarla pero si eso pudiera pasar sería en el justo momento en que se levantaba llena y esplendorosa ante sus ojos, sólo un día cada mes y por eso la espiaba tan religiosamente.

Kata no hacía otra cosa que mirarla, la embrujaba, se quedaba quieta hasta que el pescuezo se le entiezaba, no oía, no veía, no sabía nada más en ese instante que no fuera la luz fulgurante que emitía aquel objeto colgado del cielo. Mientras eso sucedía el mundo seguía su curso bajo sus patas.

En las noches solitarias, en las que ella no salía entera, Kata recorría el largo camino desde su casa hasta aquella rama que ahora era su más invaluable descubrimiento, por si acaso aquella pelota brillante se le ocurría cambiar la rutina, así que Kata caminaba con la vista en alto, vigilando al pedacito de luna que se asomaban a saludarla. Kata no veía otras cosas, ni estelares ni mucho menos terrestres, su atención ya tenía destinatario. -¿De quién se cuidará esta esfera que del miedo solo sale entera un breve tiempo? -se preguntaba Kata mientras caminaba hacia su rama.

Pero estaba demasiado absorta en su tarea como para darse cuenta de lo que sucedía bajo sus acolchonadas patas cada vez que trepaba aquella rama para adorar a su esfera. -No importa que esté iluminado si no mirás hacia abajo para ver qué sucede- Le dijo Keto a su pequeño y curioso acompañante. Keto no estaba embrujado por el objeto brillante, no, su mente no era poseída por ese resplandor si no por otros asuntos más siniestros. Keto lo había planeado todo con demaciado esmero, todo bajo los bigotes de Kata. Ahora estaba listo, sólo había que aguardar la siguiente luna llena, en la noche en que se alzaba más cerca y brillante. Keto le dió las últimas indicaciones a kiti, su no muy brillante acompañante y cómplice, mientras Kata caminaba embobada mirando al cielo, mirando el pedacito de esfera que parecia una uña.

Y la noche esperada llegó, Kata salió de prisa, como siempre, desde que empezó a oscurecer, no quería perder detalle de tan anhelado momento. Caminó feliz, ronroneando un poco, maullando otro, dando saltitos hasta llegar al pie del arbol, trepó hábilmente y se sentó en su rama a esperar. Y la luna se alzó.

Mientras tanto Keto aguardaba. Con las pupilas dilatadas por la luz de la luna, con Kiti aguardando sus ordenes. - Espera... espera... espera - se repetía Keto para no errar el momento.

Kata abrió los ojos, la luna comenzaba a llegar a su punto favorito; Keto se preparaba con la desesperación de quien ataca contenida en las pupilas; Kiti miraba espectante, un tanto confundido; Kata sintió los rayos invadiendo su cuerpo, bañándola y acariciándola tan fuerte que cerró los ojos un instante; Keto avanzó, despacio para no hacer ruido y sacar de su trance a Kata; Kiti presentía que aquello no iba a resultar, no avanzó;

De repente un maullido de terror despertó a Kata, giró la cabeza en dirección a Kiti pero no vio nada, inspeccionó más allá donde estuviera Keto, pero tampoco pudo ver nada, sus pupilas aún estaban dilatadas, volteó la mirada hacia su astro y no estaba.... entonces se dió cuenta de que la rodeaba la oscuridad, sintió su arbol moverse y sacudir todas sus ramas; gritos, maullidos, arañazos, cayó.... más ruidos, aquello sonaba a angustia, -dónde estás, Keto -gritó Kiti. Keto no contestó, luego, más ruidos, un maullido similar al de Kata pero más desgarbado, luego más silencio... y la luna apareció de nuevo, lentamente.

Kiti, al pie del árbol, miró hacia el cielo hasta que la luna apareció, sus rayos iluminaron todo de nuevo. Tardó en bajar la mirada pues se acordó de lo dicho por Keto, no importa que esté iluminado si no mirás hacia abajo para ver qué sucede. Kito tardó en decidirse a mirar. Cuando lo hizo deseó no haberlo hecho jamás. Ahí estaban todas las trampas planeadas para Kata, intactas, un conjunto de hojas secas esparcidas y revueltas y más allá, donde la luna iluminaba mejor, estaban Kata y Keto, inertes.

Desde aquella noche Kiti sigue la vieja costumbre, un día al mes sube hasta aquella rama, vigila la luna, vigila el suelo y vuelve a vigilar aquella luna brillante esperando que algúna noche decida volver a su guarida y traer de vuelta a Kata y a Kato.

miau, miau ♥ cuántos Katas tenemos por aqui?

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4 comentarios bien escritos:

Orizschna dijo...

Que bonito!!!!
UN saludote Gitana!

Alecktorofobica dijo...

A que Kata!!
Saludos Chika yeye!!

Al6665 dijo...

:o me fascino, excelente relato, muy muy bueno!!

Saludos!!

Tu Gitana dijo...

Orizschna: Saludotee para ti tambien.

Jenny: para ti katasaluditos .

Alonso: grax, aunque maté a Kata y a Keto en mi relato... jejejejejeje... no tan bueno.... jejeje, saluditos.