martes, 27 de mayo de 2008

Última mirada


Las frías baldosas rozaban su piel, tan heladas como témpanos abandonados, el suave azul empezaba a recorrer su cuerpo. Aquel día había despertado con el ruido leve que produce el romper de la rutina, algo había ocurrido, un cambio y sus ojos empezaban a abrirse. Se descubrió sentada aun en el mismo suelo en el que había estado parada en tiempos atrás, en aquellas vísperas de lo inevitable. Ahora que todo había pasado y empezaba a despertar algo la estaba cubriendo de nuevo. Ese frió, un frió oscuro y distante de tono azul. Estaba sentada y ese frió invadió primero la piel que tocaba el suelo, primero las nalgas, parte de los muslos y piernas, un poco de los pies y las palmas de las manos, luego invadió suavemente todas sus piernas, avanzó hasta las muñecas y se coló por la ingle hasta congelar todo su sexo, su vientre, pronto la cintura, el frió se colaba por el ombligo y cubría sus brazos. Mientras ella solo intentaba abrir los ojos, intentaba despertar y salir huyendo de ese gélido invasor, una línea azul se dibujó por el centro de su espalda, subía vertiginosamente a la cabeza, se expandió a los lados y el azul abrazó sus senos. Ella alzó su cabeza lo más que pudo, deseaba lograr abrir los ojos una vez más, aun congelada casi en total podía sentir las palmas de sus manos extendidas y pegadas al suelo, ese suelo que emanaba su destino, el frío redondeó sus hombros y llenó su cuello, cubrió sus largos cabellos, alcanzó su boca, sus labios, sus dientes y lengua, un grito ahogado que no pudo salir más, la frente empezaba a cubrirse, pronto las mejillas y nariz. Abrió los ojos. Ya era demasiado tarde. El frío azul se hundió en su mirada, esa mirada que ahora permanecería abierta e intacta reflejando el brillo azul. La noche cubría todo y a lo lejos, en el centro del salón, aquel abandonado sin techo ni paredes, solo se observaba la figura azul reflejando los rayos plateados de la luna, esperando la mirada que le devolviera su calor y el beso que la despertara de aquel trágico letargo que volvía a comenzar bajo esa luz eterna de luna.

lunes, 16 de julio de 2007

III. Desesperación. Hada



Hada esta triste, ahora ahí sentada ha recordado todo, y recordar es vivir, con lo cual la angustia regresa. Hada se siente triste, decepcionada, teme la peor consecuencia y esa duda no la deja en paz, esa duda acaba de inundar todo su ser, porque la respuesta podría cambiar toda su vida. Hada no sabe qué hacer, no sabe en qué momento dejó que alguien le hiciera tanto mal, y no sabe cómo evitar que, aunque en ausencia, le siga dañando tanto. Hada está asustada, aunque haya luz en toda dirección no sabe cuál de todas es la que le corresponde, o si alguna siquiera le corresponde.
Pero Hada esta decidida a despejar esa triste duda, porque aunque sabe que está mal pensarlo así, eso no pinta nada bien, no sabría que hacer, no sabría como formar su mundo y esa idea que puede ser la asusta en verdad. La desesperación invade su ser, la paz antes lograda empieza a desboronarse. Aunque ahora su imagen y su recuerdo la aterrorizan, aunque se ha dado cuenta de todo el daño y maldad que viven en aquel ser, aún a pesar de todo eso quisiera cambiar la historia y que él fuera otra clase de persona de la que puede tomar tu mano y decirte que todo estará bien no importa el resultado de la duda, el que sería un buen ejemplo, en el que se pudiera confiar y el que fuera soporte en vez de soportado. Pero eso no existe, nunca existió, solo fue un ser creado tan magistralmente en la cabeza de Hada que no dejó ver la silueta real, esa silueta cruel sin palabra ni decencia, tan cruel para ignorar sin piedad pero tan débil que ni siquiera mira a los ojos ni gesticula palabra alguna.
Hada tiembla ante su recuerdo, Hada quiere olvidar, perdonar y ser perdonada y luego tirar las memorias al viento, pero no puede hacerlo ante esta duda. -¿Y si fuera cierto? -se pregunta- mientras sigue sentada, pero ya no mira al sol, ha agachado la mirada y ahora solo puede pensar en esa terrible duda. Pero Hada es fuerte y no dejará al destino actuar solo, Hada se levanta y camina en busca de respuestas, está desesperada y esa desesperación terminará o aumentará solo con la respuesta, la verdad.

sábado, 14 de julio de 2007

II. Viento nuevo. Hada

Y ahí estaba, de cara al cielo, tumbada y con los ojos cerrados, muy cerrados, entonces la claridad de aquel día traspasó sus párpados. ¿Quién ayuda a las hadas? aún no lo sé, tal vez ellas deben ayudarse a sí mismas. Pero estábamos en el suelo, de cara al sol, Hada decidió asomarse a ver qué era aquel resplandor. Abrió los ojos, lloró.
El llanto brotó sin cesar, como si no hubiera nada más que ella y su llanto, así, sentada en medio de la nada, en medio de esa claridad, el hada lloró por todo el tiempo transcurrido, por todo el tiempo que mantuvo los ojos cerrados, por todo el tiempo que creyó lo equivocado, por todo eso y sobre todo por aquel suave y tibio bienestar que la luz que inundaba sus ojos le transmitía. -Ya nunca más los cerraré, no -se dijo- pero decir no basta, habrá que dejar pasar el tiempo una vez más para corroborar tal afirmación, porque es de dominio popular que las palabras se las lleva el viento, lo que no sabes es que hay que fijarse en el tipo de viento que luego anda por ahí llevándose cosas como palabras, intenciones y pensamientos.
El viento puede llevarse muchas cosas, pero también las trae, nos las acerca tanto para que solo baste abrir los ojos para ver lo que ha traído. Hada, que aún permanecía tumbada en aquel claro, con los ojos abiertos llenos del azul del cielo, pudo empezar a respirar de aquel viento que flotaba y rebotaba en la baldosa blanca donde se hallaba. Era un viento con olor a nuevo, mezclado con un poco de incertidumbre y cambio, era un viento limpio y sin perfume, listo para ser llenado de los nuevos paquetes a transportar.
Hada se sentó y se quedó un rato más en esa posición, con las piernas hechas nudo y la frente en alto. El llanto aun brotaba lentamente pero al oler de aquel singular viento volvieron a renacer las ganas y las fuerzas que le impulsaran a llorar, pero este llanto era diferente al anterior, este era de descanso, de aliento y de paz. Todo había terminado, la tempestad había acabado y ahora el cielo estaba listo para ser pintado de nuevo, solo que ahora Hada debía descubrir qué era lo siguiente a pintar, qué será lo que continua, voltear al pasado es bueno de vez en cuando, pero después de lo ocurrido y después de haber sentido los rayos del sol sobre su frente, no podía volver a lo anterior, así que decidió saltar esa etapa de su vida y cuando mirara al pasado solo vería lo anterior a esto, donde vivía en una paz aletargada, esa paz que vino a ser sacudida por el torbellino que fue todo lo que acababa de ocurrir. Hada ahora debía ponerle otro rostro y otro nombre a sus pensamientos, que siempre habían sido los mismos, pero que por un instante encantado otorgó a quien no debía.
Ahora después de la sacudida había podido oler este viento que la envolvía y la abrazaba dentro de su fuerza y que le susurraba palabras que aun no podía comprender, y en ese ir y venir de susurros de viento se encontraba, alertando todos sus sentidos, descubriendo que le amparaba esa luz resplandeciente y ese viento dulzón mientras se encontraba sentada en la explanada, sobre las baldosas blancas y alzando la frente hasta encontrar el sol.

martes, 10 de julio de 2007

Hada


I

-Esta todo tan oscuro, ¿dónde está el interruptor?- se dijo mientras en el silencio se dibujaban imágenes en su mente, de esas que solo nos visitan en nuestros sueños y que más tarde no podemos recordar, -¿qué es ese ardor? mis oídos arden ¿conspiración?- esa extraña sensación que te invade justo cuando estas esperando por algo, o alguien, como los nervios previos a una noticia que no quieres escuchar.
Era muy temprano aún, las sabanas aún estaban tibias cuando todo pasó, y luego, oscuridad, todo en vertiginosa caída sucedió, qué otra manera sino el desconcierto puede venir después del arrebato. Con todo lo ocurrido lo único que se esperaba era el silencio y esa extraña sensación de paz, que de no ser por el ardor en las orejas, se asemejaría mucho a la que antes la invadía. Estaba convaleciente, todo fue tan rápido que apenas en medio de esta oscuridad pudo sentarse a mirar lo ocurrido, y los hechos pasaban como una película entrecortada dibujada en aquellas imágenes de su mente.
-Parece un sueño, no sabría si comienza o termina- se dijo aquel ser, pero esta hada no había salido de la pluma de Calderón de la Barca, sino de la mía, así que al menos estamos seguros de que la vida no es sueño, al menos no en este momento, porque el dolor guardado en la memoria de la piel salía justo ahora en todo su esplendor, se sentía, se olía, se distinguía, ese dolor que invade todo, que lo llena todo hasta la memoria y que aunque se pose un instante, ese instante parece durar una eternidad. Y lo dura, eternidades enteras se han pasado durmiendo en ese dolor.
Ahora el dolor había cesado, la eternidad había acabado y el Hada estaba inmóvil, pasiva, esperando que el futuro llegara y con él la luz, esa luz que empezaba a recordar, la que tenía antes de que todo iniciara. Estaba quieta en medio de esa oscuridad, aguardando, aún no descubría qué era lo que aguardaba, solo el instinto de la vigilia la mantenía alerta, qué hacer cuando tus alas se rompieron y el polvo de hadas se acabó. Lo que no se daba cuenta era de que la oscuridad vivía interna, ella no estaba oculta, no se encontraba en ningún refugio, al contrario, era como estar en medio de una plaza desierta, cubierta de luz, tumbada en el suelo blanco y con los ojos apretados para que no entrara ninguna de aquella claridad que la rodeaba, absorta en sí misma y en su mundo pequeño y oscuro, esperando como un niño que jugando a los "encantados" fue atrapado y aguarda a que alguien más se tome la molestia de desencantarlo. Y mientras aguarda todo parece ir más despacio, pero aguardar tiene sus beneficios, porque algo, tarde o temprano, tiene que llegar y si algo saben las hadas es aguardar.

Preámbulo


Tengo varias mascotas aqui en este mi espacio, Hada, Dragoncito y Cuitlahuac, pero creo que merecen más que solo una aparición, merecen explicación del porqué, qué bueno fuera que alguien llegara y te dijera la razón de tu existencia. Pero bien, no sabemos lo que nos depara el destino, lo único que se me ocurre es iniciar esta serie de relatos donde ellos son los protagonistas. Comienzo con Hada, porque siempre hablamos de cuentos de hadas, pero en ellos, las hadas son las que otorgan la felicidad eterna a la princesa y cosas por el estilo, pero, quien hace feliz a las hadas? quien se preocupa por ellas? eso no lo sé. Hada, empiezo contigo guapa.

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